jueves, 18 de septiembre de 2008
Me va la vida en ello (Luis. E. Aute).
y que jamás puse en venta ninguna quimera,
siempre evité ser un súbdito de los laureles
porque vivir era un vértigo y no una carrera.
Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.
Cierto que no prescindí de ningún laberinto
que amenazara con un callejón sin salida
ante otro “más de lo mismo” creí en lo distinto
porque vivir era búsqueda y no una guarida.
Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.
Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio
quise quemarla deprisa jugando con fuego
y me abrasé defendiendo mi propio criterio
porque vivir era más que unas reglas en juego.
Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
dímelo…
me va la vida en ello.
viernes, 12 de septiembre de 2008
Esperando...

Me dijeron que me tomara 1.5 litros de agua y que no orinara hasta después del estudio. De entrada, eso me pareció complicado, conociendo mi capacidad de orinar en pequeños intervalos de tiempo. Así que el día indicado lo hice sin pensarlo, el estudio estaba programado para las 10:30 a.m, por lo que compré un bote de agua y comencé a beberlo a las 9:00 a.m.
Todo estaba perfecto, hasta que cerca de las 10:00 de la mañana, comencé a sentir ganas de ir al baño. Traté de relajarme, me puse los audífonos para escuchar música mientras jugaba con mi celular, pensando en distraer mi atención lo más posible.
"Yo le aviso cuando llegue el doctor", me dijo la recepcionista, pero cuando vi que faltaban unos minutos para las 10:30 y mi vejiga aguantaba cada vez menos, me acerqué a preguntarle. Aunque el doctor aún no llegaba, decidí esperarlo en el área de rayos x.
Mientras caminaba sentía muchas ganas de orinar, pero pensé "aguanta, aguanta". Pero al llegar a la sala de espera y saber que aún el médico no llegaba y además había dos personas adelante de mi, creí que no lo lograría.
Las personas que esperaban se veían tan tranquilas, cuando yo ni siquiera pude permanecer sentada porque sentí que casi "se me salía".
Entonces empecé a hacer ho'oponopono, mientras caminaba como desquiciada de un lado a otro (y digo como desquiciada porque la gente me miraba muy raro). Me tranquilicé un poco, pero las ganas de orinar no se iban...
Hasta que llegó una señora embarazada "vete a hacer del baño y luego tomas más agua...no te aguantes", me dijo y yo pensé que no seguría su mal consejo "ya aguanté mucho como para echarlo a perder todo en el último momento. Si hago pipí, el estudio no saldrá, por algo te piden que no orines..."
Pero después, a pesar del ho'oponopono y la música del celular, no pude dejar de sentir que ese estudio era bastante tortuoso y todavía el doctor se daba el lujo de llegar tarde... porque eran las 10:45 y el doctor no llegaba...
De pronto, sentí que no aguantaría un minuto más y sin decir nada, sin importar dejar mis cosas en la sala, corrí al baño.... ahh! qué alivio sentí...hasta que escuhé la voz del doctor preguntando quién había llegado primero...
viernes, 5 de septiembre de 2008
Contando calorías
Cuando vi la báscula, no podía creerlo: eran 400, si sólo 400 gramos. Al entrar a consulta, la nutrióloga tampoco lo creyó "se me hace que te pesaron mal", me dijo, para después pedirme que la acompañara a rectificar. Pero no, la enfermera no se había equivocado… eran 100 gramos menos que la semana anterior.
"¿Pero qué pasó? ¿Qué hiciste?" me preguntó la nutrióloga y yo no podía dejar de sentirme un poco frustrada, porque esta vez hice todo lo que me dijeron. Fui con tiempo a comprar todo lo que decía el menú, comí todas las cantidades que me marcaron, hasta un poco más a veces, dejé de hacer ejercicios que me pudieran ocasionar quema de calorías, ahora si podía dormir mejor… y nada, bajé 100 gramos de una semana a otra.
No lo entiendo y empiezo a cansarme de esto. Hace algunos años, ya me había sucedido: después de un mes de estar comiendo todas las raciones que me indicaron, todo con suficientes calorías, bajé 250 gramos… en aquel entonces me dijeron que me tomara un licuado con almendras todos los días, que eso me ayudaría. Ya no pude comprobar si sirvió o no, porque dejé de asistir a las consultas por falta de dinero, aunque cuatro años después seguí pesando exactamente lo mismo.
Desde niña ha sido lo mismo, todo mundo me miraba como si fuera bicho raro, y ni qué decir de los doctores. Tomaba medicamento para que me abriera el apetito, porque por ser delgada, todo mundo pensaba que estaba desnutrida. Pero a pesar de eso, seguí siendo una niña delgada. Un día el doctor le preguntó a mi mamá que si ella y mi padre eran también delgados cuando jóvenes "huy si, hasta estábamos más flacos" le contestó mi madre. "Ahí lo tiene, es genético, por más que hagamos van a seguir delgadas (refiriéndose a mis hermanas y a mi), no hay más que hacer".
Aún así, sigo sintiéndome como bicho raro con los comentarios de la gente… una vez, una doctora se la pasó diciéndome que cómo era posible que fuera tan delgada, que si no era anoréxica y bla bla bla. Cuando le dije que iba al gimnasio (por recomendación médica), casi se le salían los ojos "pero qué bárbara, tú si que estás loca". Su comentario me pareció bastante molesto, era como si le incomodara mi delgadez (cabe mencionar que ella se veía pasada de peso).
Y la verdad no es nada agradable estar escuchando comentarios de que si no serás anoréxica, que tal vez en el fondo temes aumentar de peso, que te vas a desaparecer, que si tienes bulimia…
Por eso un buen día decidí acudir con un profesional para que me ayudara a aumentar de peso, aunque no lo logré... y ahora que lo vuelvo a intentar, me siento un poco frustrada al saber que bajé 100 gramos, cuando lo lógico era que aumentara...
Al salir de la consulta, pensé en ya no preocuparme por aumentar de peso, si finalmente, la cosa es sentirse bien. Creo que mientras me sienta bien, pues qué importa si estoy muy delgada...quiero poder regresar a la clase de ritmos latinos, a la bicicleta, o a la clase de abdomen, sin temer estar quemando más calorías de las que debería....
Mi psicóloga también me lo dijo "pero recuerde que quienes somos delgadas, por más que le intente, pues así es la complexión". Y si, creo que debo dejar de estresarme por consumir muchas calorías y estarme pesando constantemente a ver si subí algunos gramos, porque creo que eso también me está impidiendo avanzar... temo estarme obsesionando (aunque creo que siempre me he sentido un poco obsesionada por aumentar de peso).
Solo quisiera que la gente dejara de asombrarse por mi complexión física, creo que solo quisiera que aceptaran que así soy.... aunque creo que primero tengo que aceptar yo misma que así soy, aceptar que soy delgada y que tal vez por mucho que lo intente, seguiré siendo muy delgada por el resto de mi vida....
jueves, 4 de septiembre de 2008
Crónica de mi visita al psicólogo
“Debería de ver su cara” me dice regularmente o “nada más se está riendo y no sé si es de nervios o de angustia”. Recuerdo que una vez de plano no pudo contenerse, cuando yo hablaba de mi familia diciéndole que a veces eran muy raros: “dicen que lo raro es pariente de lo feo”, me dijo y yo angustiada contesté “¡y yo me parezco a ellos!”.
“Jajajajajaaja, eso no fue lo que quise decir, que situación tan bochornosa” creo que fue lo que dijo, o algo muy parecido.
La última ocasión, yo estaba hablándole acerca de una conversación por Messenger que tuve con una muy querida amiga, y que me había desesperado un poco. Luego le platiqué que mi novio me había dicho que, por lo regular, yo actuaba como lo hizo mi amiga en esa ocasión. Mi psicóloga me miró como diciendo “por fin se dio cuenta” y creo que internamente pensaba “aleluya, aleluya”. Recuerdo que pregunté “¿pero en verdad yo hago eso?” y ella simplemente me dijo “ni usted se la cree al pretender que no” y comenzó a reír.
Lo único que pude hacer fue reírme con ella angustiadamente.
Jajaja, una vez me dijo “con todo respeto, pero, no se desespera mucho su novio con usted?” y le dije “ay! Yo creo que si…¡¡¡Pobrecito!!!” jajaja y ella casi se reía.
“¡Pero es que es usted muy terca!” me dijo en otra ocasión, de plano casi interrumpiéndome. “¿Lo soy? ¿Si verdad? Aaaayyy!!!” le dije en una mezcla extraña de risa y llanto… creo (o supongo) que mi risa le contagia, o que tal vez ya está tan desesperada que prefiere reír al ver que yo me atoro con cosas que hemos tratado antes.
Como cuando le dije que por fin había entendido que mis males de salud eran mayoritariamente emocionales, me miró fijamente y me dijo “¿pues no es lo que le he estado diciendo todo este tiempo?”, “¿si verdad?, es lo mismo que me dice mi novio…” le contesté riéndome nerviosamente.
Supongo que me veo bastante graciosa haciendo tantos gestos y entonaciones al momento de decirle las cosas. Creo que si me viera en video, terminaría carcajeándome de la situación. Y es que en verdad, la mayoría de las veces resultan bastante graciosas. Como quiera que sea, su risa me hace sentir más cómoda, o creo que termino por aceptar las cosas después reír un rato…


