martes, 3 de febrero de 2009

Crónica de un 2 de febrero familiar


"¿Se te olvidó que te tocó el monito?" preguntó la voz de mi madre por el auricular, recordándome de golpe el justo momento en que partí la rosca de reyes aquel 6 de enero y frente a todos "saltó" el muñequito de plástico...

Sin perder tiempo, mi madre, a quien no le había tocado "el monito", pero que amablemente quiso ayudar en la organización del evento, comenzó a decirme lo que correspondía a cada quien: que si mi tía ya estaba preparando los tamales, que si yo iba y le ayudaba a embarrar, que si ella le había dicho que mejor llevara el pastel,"... pero le dije que te preguntaría... ¿qué prefieres?".

Evidentemente la opción más sencilla era simplemente comprar un pastel...

"Muy bien, nos vemos a las cinco" me dijo antes de colgar...

Después de hacer algunas "vueltas" en el camión, yendo de aqui para allá, cargando un pastel de queso con fresas encima, llegué a la casa de mi abuelo, quince minutos después de la hora acordada. Por un momento creí que el festejo sería en casa de mi tía, pues la casa de mi abuelo parecía completamente sola y nadie me abría. La risa de mi abuela me hizo pensar lo contrario, así que toqué más fuerte. La puerta se abrió, dejando ver un cuarto obscuro pobremente iluminado por la televisión encendida...

Pregunté donde estaban todos, pregunté si el festejo se había cambiado y solo me dijeron que todos estaban por llegar "tu tía está haciendo los tamales, ahorita viene".

Así que me senté en la cama a esperar, a pesar de la insistencia de mi abuela de que me fuera a otro cuarto a ver televisión, para estar más cómoda...

Los segundos parecían durar más que lo habitual, los minutos parecían horas y las horas.... ¡las horas!, ya había pasado una hora y nadie llegaba... mis abuelos seguían entretenidos con los programas de tv local y yo comenzaba a desesperarme... entonces mandé un mensaje (un tanto de reclamo, debo admitir) a mi madre, para saber dónde estaban...sólo obtuve como respuesta la llamada de mi hermana diciéndome que ya iban en camino...

Al menos unos veinte minutos después, por fin llegó una de mis tías, entonces me distraje con los chongos de mi pequeña prima de un año quien pareció emocionarse al verme... detrás de ella, llegó mi otra tía, la de los tamales... entró rápidamente a la cocina, mientras me saludaba sin detenerse, "¡llegué hace más de una hora!" le dije, "pero dijimos a las seis!! ahh, ya son casi las siete, qué tarde es" fue la respuesta de mi tía quien corría hacia la estufa....fue entonces cuando me di cuenta que los tamales estaban crudos...

Luego la llamada de mi otra hermana, preguntándome si el festejo había terminado "ya vez que nos dijeron a las cinco y son casi las siete".... pero ella estaba a muy buen tiempo, pues mi madre aún no llegaba, así que acordamos en que iría directo a la casa de mis abuelos....

Por fin llegaron mis papás con mi otra hermana... de inmediato objeté su llegada tarde... "¡llegué a las 5:15, me dijiste que a las 5!" le dije a mi mamá en tono de reclamo, pero solo obtuve un "ah, que bueno que llegaste temprano", con el típico tono que usan las mamás cuando están prestándole atención a otra cosa...

Llegó mi hermana, la que faltaba, y luego ya nadie más llegó... no sé quién empezó, no sé si fui yo u otra tía, pero comenzamos la presión para acelerar el asunto, pues ya estaban todos en la cocina, comiendo chicharrones como si fuera cualquier tarde dominical... "vamos a rezar ya, antes que se haga más tarde"... después de insitir en repetidas ocasiones y por diferentes personas, por fin mi abuela se paró de su asiento, para preguntar "¿alguien trajo librito?".

Ahora faltaba el librito, si, ése que usan en los hogares católicos para rezar... ése en el que vienen los misterios que se dicen de acuerdo al día de la semana, el número de padres nuestros y aves marías y las letanías... no, nadie traía el importante librito...

Entonces comenzó la buscadera y los típicos "yo lo traía pero lo saqué", "debí haberlo imaginado" y la resistencia a rezar el rosario de memoria, a pesar de que la mayoría de los presentes lo tenía memorizado... por fin, mi abuela, ante la insistencia de sus adorables nietas, aceptó rezar sin el librito...

Mi abuela, como buena matriarca, encabezó el rezo, mientras mi tía (la de los tamales) junto a su esposo entonaba las canciones... por momentos era tan rápida la pronunciación de las palabras que yo me atrasaba y perdía la atención observando a mi pequeña prima que hacia malabares en una también pequeña mecedora... ya se sentaba, se paraba, pasaba un pie por el respaldo, se tambaleaba, se paraba frente a mi abuela para mirarla con cara de asombro cada que esta última alzaba los brazos frente al altar para agradecer por las bendiciones a su familia...

Luego los cantos... y mi prima se emocionaba, se paraba de su asiento, se acercaba a mi abuela y comenzaba a balbucear con el tono de la canción, cuando todos se callaban, seguia balbuceando hasta que mi madre le indicaba que debía guardar silencio, hasta el próximo canto... Mi abuelo también estaba atento a lo que hacía ella, y a veces parecía no aguantar la risa al ver cómo señalaba a las personas que traían falda y cómo aplaudia...

Ni siquiera estuve muy segura de cuando terminó el rezo... a mi parecer faltaron algunas letanías, pero mi abuela estaba más emocionada con los cantos que el rumbo siguió por ahí...

Ya había pasado una hora desde que los tamales estaban cociéndose, entonces mi tía comenzó a preocuparse y a decir en voz baja que ya era momento de terminar las canciones, aunque parecía que nadie se atrevía a decírselo a mi abuela, que seguía cantando sin parar frente al altar...

Decidí pararme en son de "protesta", pues, aunque sabía que a nadie le importaba que yo tenía tres horas ahí, la verdad ya me había cansado... y de pronto mi hermana se solidarizó y comenzó a decir que ya pasáramos a lo siguiente, pues era tarde y había quienes si habíamos llegado temprano...

¡Sorpresa! los tamales estaban crudos... y yo tenía un dolor de cabeza que trataba de ignorar, mientras pensaba que si la cena no estaba, sería el pretexto perfecto para por fin comernos el pastel al que le "traía ganas" desde que lo compré.

Algunos se molestaron porque comencé a alborotar a los niños, pero al final fueron pocos los que se resisitieron a una rebanada de pastel de queso con fresas y nueces... "ya están los tamales", dijo mi tía cuando estábamos en medio de saborear la crema batida...

Pensé que probaría solo uno, me dieron dos y dije "está bien", pero a la primer mordida, noté algo extraño en la textura y el sabor...el sabor era un poco difrente, eran demasiado blandos, demasiado aguanosos, demasiado.... "¡están crudos!" dijo una voz que provenía del otro cuarto, entonces comprendí que había comido masa con queso...

"Yo también me lo comí así, pero se me embarró la masa en los dientes y no la puedo despegar" me dijo mi hermana... ahhh, ya eran pasadas las ocho treinta de la noche...

"¿Ya te vas?, ¿Pero qué vas a hacer?, ¿lavar ahorita?, ¿barres tu cuarto de noche?, ¿por qué no lo hiciste ayer? ¡Yo ayer hice muchas cosas!" ahh, no hubo oportunidad de contestar a tanta pregunta y gracias a Dios mi hermana intervino en mi defensa, así que comencé a despedirme rápidamente de todos...

Ya en el camión, de regreso a casa, pensé que realmente no platiqué lo que me hubiera gustado, mientras trataba de calmar el fuerte dolor de cabeza que comenzaba a marearme... ya será para la próxima....

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