Serpiente de Luz nació un día lluvioso, en medio de una tormenta eléctrica. Derrama encanto, vida y estruendo; serpentea su cola bajo el resplandor del miedo. Se enrosca para defender su nido, su cuerpo, su intimidad.
Y al fin sale.
Su panza se estremece con el calor de la tierra, del pasto, del agua.
Y allá va.
Dibuja semicírculos a cada paso, señala los lugares divinos de la tierra. A veces, cuando se le antoja, Serpiente de Luz sube a un árbol, se cuelga hacia otro y allí pasa el día, hasta la tarde.
Y espera la mañana siguiente, con la esperanza de ser igualmente feliz, de que estos pensamientos no cambien, de creer que esto va a durar más que la lluvia, más que una breve y feliz velada entre amigos.
Porque, a pesar de todo, Serpiente de Luz tiene amigos. Dos o tres o cuatro, pero los tiene. Como ella, serpentean entre las piedras de su desierto, y, una vez al año, les brotan alas para volar al Sol, hacia la luz, a donde han pertenecido siempre...
sábado, 21 de febrero de 2009
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